Tanto más se piensa...


Ganaríamos mucho si, en lugar de enjuiciar las cosas, las afrontáramos. Nuestras cábalas mentales no solo nos hacen perder un tiempo muy precioso, sino que por su causa perdemos también la ocasión para transformarnos. (...)

Personalmente estoy convencido de que más un ochenta por ciento de nuestra actividad mental -y es probable que me haya quedado corto en esta proporción- es totalmente irrelevante y prescindible, más aún, contraproducente. 

Nada de esto significa que pensar sea malo; es bueno solo en su justa medida. Pensar es como dormir o comer: no debe hacerse en exceso so pena de embrutecernos. Al igual que nos sentamos a la mesa para comer y no comemos de cualquier manera y a todas horas, quizá también para pensar deberíamos sentarnos y no hacerlo cuando al pensamiento le convenga o se le ocurra. El pensamiento, como cualquier actividad humana, debe ir precedido de un acto de voluntad. Eso es lo que lo hace humano. Tanto más se piensa, tanto más se debe meditar: esa es la regla.¿Que por qué? Pues porque cuanto más llenamos la cabeza de palabras, mayor es la necesidad que tenemos de vaciarla para volver a dejarla limpia.

Pablo D´ors. Biografía del silencio.


Foto de cottonbro en Pexels

Limpiamos la casa. Ordenamos la ropa. Nos lavamos el cuerpo por fuera y sin embargo... ¿Qué pasa con lo que hay en nuestra mente? Ni caso. Eso no importa. ¿De verdad no te importa? ¿No crees que los humanos nos ahorraríamos muchas angustias si aprendiéramos a limpiar nuestra cabeza? Limpiar la cabeza cada día no significa empezar una guerra contra nuestros pensamientos, por supuesto, pues una guerra no es nunca la solución. Simplemente consiste en convertirnos en los maestros de la orquesta, y dejar de ser los fieles siervos de nuestros pensamientos. Primero nos tenemos que dar cuenta de que ellos, los pensamientos, no son más que ovejas que van y vienen. Son esponjosos y volátiles y no es necesario fiarse de ellos siempre. Es verdad que a veces, de repente, surge alguno precioso y brillante. En nuestra mano está atraparlo y quizás escribirlo para que no se nos olvide. Pero los demás no son más que notas musicales lanzadas al cielo sin orden ni melodía. Y así nuestra cabeza, llena de ovejas y notas musicales, nos hace sufrir tanto tanto tanto que vamos desgranando nuestros minutos en una sombría nebulosa. 

La meditación es la manera que he encontrado para hacer limpieza de pensamientos. Cojo la mopa y el plumero y muy lentamente, de forma amable, los voy guardando en una bolsa que saco fuera de la casa. Otras veces, simplemente los miro a los ojos y les digo "gracias", dejando que sigan su camino. La meditación es ese silencio diario que me llena de un vacío transparente. Cuando no hago esto, la vida me come y me convierto en alguien diminuto y encogido que va de un lado a otro sin rumbo. Pues ser adicto a los pensamientos es como ser adicto a cualquier otra cosa: es algo que te va devorando sin darte cuenta. Y que se convierte en un dolor de espalda, una úlcera o una depresión. 

Así pues, sugiero que nos pongamos manos a la obra y ordenemos y limpiemos de una vez nuestra mente, que lleva años destartalada. Solo así conseguiremos llegar a esa paz tanto tiempo anhelada. 



Comentarios

  1. Qué bueno Clementina!!! Muchas gracias y manos a la obra, ordenemos y limpiemos de una vez nuestra mente,... Bienvenida esa Paz!!!

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    1. Ay! Cuánto lo necesito Sonia! Acercarme a la Paz es lo que quiero. Cada día un poco más cerca. Paso a paso. Manos a la obra!! Un beso de Clementina.

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