Juan Ramón Jiménez, Eternidades 1918 poema (XXXVI)
Llega la Navidad y mi propuesta es que observes el lento transcurrir de las nubes y los hoyuelos que se le forman a tu hija en la comisura de los labios cuando te cuenta una anécdota reciente; que percibas los pensamientos vestidos de juicio que marchan cual ejército en el terreno de tu mente; que te maravilles ante una sonrisa, aunque sea la de un desconocido; que te maravilles, en general, ante lo que te rodea. Pero para percibir todo esto necesitas ir despacio, acompañándote de verdad a ti mismo.
Es difícil en estos tiempos, sí, pues queremos hacer muchas cosas y muy rápido, incluso en vacaciones. ¿Para qué? Para sentir que aprovechamos nuestra vida. ¿Para qué? Creemos que si hacemos todo rápido, tendremos más tiempo para nosotros. ¿Lo tenemos? Quizás, pero en ese tiempo que en teoría es "nuestro", también queremos hacerlo todo rápido porque quizás sentimos que nada es lo suficientemente importante como para dedicarle nuestras horas. Y al final, corremos para ahorrar tiempo, tiempo que luego no sabemos usar y que perdemos en tareas que no nos llenan. Es como si los hombres grises de Momo nos susurraran «Se trata, simplemente, de trabajar más deprisa y dejar de lado todo lo inútil. Evite las charlas innecesarias. La hora que pasa con su madre la reduce a media. Quítese de encima al periquito. Deje el cuarto de hora diario de reflexión. No pierda su tiempo precioso en cantar, leer, o con sus supuestos amigos.» ¿Os dais cuenta? A aquellos que vamos rápido nos están robando el tiempo los hombres grises.
Por eso, mi propuesta estas navidades es que vayas un poco más lento y que dediques una hora entera a tu madre, o a tu padre, o a tu amiga, o a tu periquito, que cantes un rato, que observes los gestos de tu hija o tu nieta, que converses, que escribas, que hagas lo que de verdad te importe, pero no lo que te dice esta sociedad que importa, sino lo que le importa al Niño que llevas dentro y que nace cada Navidad con la esperanza de que le dediques tu ternura y tu precioso tiempo.
Llega la Navidad y el fin de este año y también es momento para mirarse por dentro y preguntarse: ¿Qué deseo que permanezca en mi vida?¿Qué deseo soltar? ¿A qué valor deseo acercarme un poco más? ¿Qué me pide mi recién nacido eterno?
Lo que más deseamos es... que Clementina permanezca en nuestras vidas!!
ResponderEliminar