La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.
Yo soy yo, vosotros sois vosotros.
Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo.
Dadme el nombre que siempre me habéis dado.
Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.
No toméis un aire solemne y triste.
Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.
Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.
La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.
¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?
Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.
¿Veis? Todo está bien.
No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban
y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.
San Agustín de Hipona
Foto de Ricky Esquivel: https://www.pexels.com
Sé que es muy difícil y, por eso, hoy escribo para ti
que tienes delante
una enorme y dura piedra.
No hay poema que te ilumine en estos momentos,
ni cuento, ni nada.
O quizás sí.
Quizás si alguien te escucha, tu día sea más ligero.
Quizás si ves la mesa limpia y unos ojos que rebosan amor,
consigas soltar un poco el peso que te atenaza.
Quizás una sonrisa te lleve a tener esperanza.
Quizás no veas la luz hoy
pero sí pequeños destellos de luciérnaga
que te acarician por dentro.
Hoy el mar es bravío, loco, de un extraño color negruzco.
Hoy el mar es abismo
y no te acompaña.
Parece haberse olvidado de ti, de todos.
¿Dónde está esa ola suave que te mecía?
¿Dónde la brisa cálida?
Está todo escondido en una cueva
y tú hoy no consigues encontrarlo
porque el mundo se ha roto.
Por eso estoy aquí
ofreciéndote mi brazo para que descanses un poco.
A veces no sé cómo hacerlo
me pierdo
me hundo contigo.
Pero a pesar de eso,
quiero que sepas que estoy
que estoy para la sonrisa
para la mesa limpia y los ojos de amor
para darte instantes más blanditos
que huelen a hogar.
Para decirte que todo pasa
que lo que hoy es piedra mañana es poesía,
que lo importante es tenernos cerca
pues a todos, todos nos duelen a veces las calles
y los amaneceres.
No estás solo.
No estás sola.
Somos todos juntos
viviendo una incertidumbre tras otra
como ciegos.
No sabemos nada.
Lo que sí sé es que un abrazo
sana.
También sé que volverá la ola que te mece
el mar sereno
la calma.
Volverá la luz al cielo
volverán los cuentos
y las risas
desaparecerá la piedra
y solo quedará lo aprendido
y lo que has amado.
Solo quedará nuestro eterno abrazo.
Clementina Crol
En estos momentos todas las palabras parecen huecas y nuestra pequeña mente no entiende nada. Espero que algún día sí entendamos. Lo que sí sé es que algún día volveremos a ver su luz.

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