¡Feliz Cumpleaños Clementina!! Las Ocho Flechas

Clementina se despierta temprano. El amanecer no ha asomado la cabeza cuando, tras degustar un delicioso café en la cocina, sale de casa y comienza a recorrer su bosque, ese que desde hace ocho años ha sido el escenario de innumerables cuentos, reflexiones y poemas. Como si de la diosa Artemisa se tratara, lleva consigo un arco y ocho flechas, aunque hoy no ha venido a cazar. Mientras camina, observa las flores, que a esa hora todavía se están desperezando. Repara en los huecos en las cortezas de los árboles, oscuros como los misterios que, con nuestra limitada mente, jamás lograremos comprender. Contempla también las ramas de los pinos y de las encinas que se iluminan a su paso. 




Sube a lo alto de la colina para contemplar el paisaje desde arriba, pues solo cuando nos elevamos sobre los árboles, podemos entender. Saca su desgastado arco y coloca la primera flecha, que es de color rojo y brilla como si una llama la alimentara desde dentro. La lanza al abismo.

—Esta es la flecha del Entusiasmo— murmura. Es la que, a pesar del tiempo, las dudas y los tropiezos, me lleva a recorrer este bosque cada día, sin desfallecer. Es cierto que muchas veces me he torcido el tobillo. Otras he sentido como si los gorjeos de los gorriones fueran risas de burla. Otras, la mayoría, he caído en el desánimo al sentir que estaba dando vueltas en círculo sin llegar a ninguna parte. Sin embargo, esta flecha me mantiene caminando, gracias a su llama.

Clementina saca la segunda flecha con mucho sosiego. Es suave y fina, de un color verde claro, como los brotes recién nacidos de un arbusto. Y la lanza con un movimiento certero, separando las nubes del cielo.

—Ésta es la flecha del Silencio. Es la que ha permitido que los bichos y los pensamientos no llegaran a dejarme una herida mortal, pues en el silencio todos ellos pasan a ser simples espejismos, como los personajes que pueblan nuestros sueños nocturnos. El silencio es el lienzo sobre el cual puedo crear mi obra de arte.

Sonríe y saca la tercera flecha del color que tiene el agua de un lago cuando acercas tu mano a ella.

— Esta me encanta. Es la flecha de la Autenticidad. Y me gusta porque solo disparándola puedo encontrarme plenamente con los demás. Es la flecha que rompe la porcelana perfecta y que muestra mis grietas, esas que me producen vergüenza. Con esta flecha cultivo la valentía y la vulnerabilidad. Me cuesta mucho lanzar esta flecha, pero hoy la voy a lanzar al horizonte para que siga siendo una de mis guías.

Clementina se sienta en una roca. Saca de su mochila un trozo de bizcocho de zanahoria cubierto de azúcar y lo degusta con placer. Piensa en su siguiente flecha, la cuarta. Es una flecha que no tiene un color concreto: A veces es blanca, otras es negra y otras es gris. La lanza con su arco, para que llegue a todo el mundo.

—Es la flecha del Equilibrio, o del término medio. Es la que rompe cualquier fanatismo o extremismo. Es la que evita que me castigue por no haber cumplido esas normas que me impongo desde niña con rigidez. Esta flecha también evita tantos juicios a los demás, por no cumplir con dichas normas. Y también hace que cuide cada área de mi vida con esmero, sin obsesionarme con una de ellas en concreto. Es la flecha que viene con los años, cuando te das cuenta de que la vida está envuelta en paradojas y que ninguna idea merece que derramemos una sola gota de sangre. 

Al acabar el bizcocho se levanta y estira los brazos con una enorme sonrisa en su rostro. Una pequeña ardilla se le acerca y la mira con sus ojillos negros, compartiendo su sonrisa. Es el momento de sacar la quinta flecha, que está muy escondida en su carcaj y que es fucsia con purpurina y huele a chicle.

—Ésta es importantísima. Es la flecha del Sentido del humor. Me permite quitarme importancia, desdramatizar, contemplar la vida como un juego. Me lleva a conectar con la niña que llevo dentro, a soltar mi careta de lechuga, a quitarme la coleta, a pisar charcos y a bailar, sin preocuparme por el pasado o por el futuro, a elevarme por encima de los árboles y de los secos informes. 

Clementina la lanza y la flecha dibuja para ella una carcajada en el cielo. 

En el suelo, frente a ella, hay una fila de hormigas que caminan hacia un agujero transportando en sus patitas las migas que se han caído del bizcocho. No parecen tener prisa pero avanzan con decisión. En ese momento, Clementina se acuerda de su sexta flecha y la toma en sus manos. Es verde oscura, como las hojas de los árboles, para recordarnos que la naturaleza tiene sus propios ritmos y que de nada sirve querer acelerarlos.

—Ésta flecha es la de la Paciencia, que es hermana de la Constancia. Es la que me pide que no desfallezca y siga sembrando, que un camino largo comienza con un primer paso, al que sigue otro y luego otro. Como el bambú japonés que, cuando lo siembras, nada brota de la tierra durante los primeros años y es al séptimo cuando surge de pronto en todo su esplendor. Así soy yo también. En el día a día parece que nada pasa, que todo sigue siendo gris. Sin embargo, al echar la vista atrás, me doy cuenta de todo lo que he crecido y he conseguido. Y si sigo así, un día me encontraré por fin en lo alto de la montaña.

Los ojos de Clementina observan un grupo de estorninos que aparece en el cielo formando una V. El viento fresco de la mañana la acaricia. Y aparece en ella una sensación que le susurra "Todo está bien." Es el momento de sacar la séptima flecha. Es amarilla porque cuando aparece, ilumina todo a su alrededor. 

— Esta flecha es la de la Gratitud y es como una capa brillante que cubre lo que antes parecía sin color. Es la que me lleva a poner la atención en los regalos de cada día. Sin ella, pasaría de largo sin siquiera percibirlos. A veces el regalo viene en forma de canción, otras es una sonrisa, a veces son palabras de cariño. Es importante tener la gratitud cada vez más presente, porque solo así es posible conseguir esa sensación que todos deseamos y que se acerca a la plenitud.

Clementina lanza con su arco la flecha amarilla y en ese momento, el sol sale majestuoso por el horizonte; el bosque se despierta de golpe y comienza una sinfonía de trinos. Un águila se posa en el suelo, muy cerca de ella. Parece que la estuviera animando a lanzar la última flecha, la más importante de todas, la que como un hilo mágico une las piezas del tapiz. La saca con cuidado y la coloca en el arco. 

— Esta es la flecha del Amor. Mucho se ha dicho sobre él, mucho se ha cantado. Mas no hay palabra o canción que llegue a su estela. No podemos meterlo en una caja ni podemos hacerle una foto. Pero sabemos que está y que es lo que mueve el mundo. Lo podemos sentir cuando nos quedamos quietos y los pensamientos se alejan y aparece en nuestro pecho una hoguera que parecía que no estaba pero que está siempre. En ese momento nos damos cuenta de que hay algo mucho más grande que nosotros. Y que en los momentos en los que la vida se quiebra, puede ser nuestro refugio.

Clementina cierra un momento los ojos y se deja envolver por el Entusiasmo, el Silencio, la Autenticidad, el Equilibrio, el Sentido del Humor, la Paciencia, la Gratitud y sobre todo, por el Amor. Hoy es su cumpleaños y, en lugar de soplar ocho velas, ha lanzado sus ocho flechas muy lejos, para que lleguen a todos vosotros. 

¡Feliz cumpleaños Clementina!














Comentarios

  1. Feliz Cumpleaños Clementina! A mí me llegan tus flechas todos los días, y por eso me siento inmensamente afortunado de haberte encontrado. Y gracias a que vamos recibiendo estas flechas, conseguimos vivir con plenitud, sabiduría y paz. Te queremos mucho!!
    Por muchos años más!!

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