Si una ventana rota no se arregla pronto, inmediatamente todas acabarán siendo destrozadas. Philip Zimbardo, psicólogo social de la Universidad de Stanford, llevó a cabo en el año 1969 un interesante experimento que devino teoría. Se vino a llamar "La Teoría de las Ventanas Rotas". Y vale mucho la pena conocer en qué consiste porque su aplicación cubre amplias áreas de nuestra vida.
Vamos al año 1969. El experimento consistía en abandonar un coche en el deteriorado barrio del Bronx de aquella época: pobre, peligroso, conflictivo y lleno de delincuencia. Zimbardo dejó el vehículo con sus placas de matrícula arrancadas y con las puertas abiertas para simplemente observar qué ocurría. Y sucedió que al cabo de tan solo diez minutos, el coche empezó a ser desvalijado. Tras tres días ya no quedaba nada de valor en el coche y a partir de ese momento el coche fue destrozado.
Pero el experimento no terminaba ahí. Había una segunda parte consistente en abandonar otro vehículo idéntico y en similares condiciones pero en este caso en un barrio muy rico y tranquilo: Palo Alto, en California. Y sucedió que durante una semana nada le pasó al vehículo. Pero Zimbardo decidió intervenir, tomó un martillo y golpeó algunas partes del vehículo, entre ellas, una de sus ventanas, que rompió. De este modo, el coche pasó de estar en un estado impecable a mostrar signos de maltrato y abandono. Y entonces, se confirmó la hipótesis de Zimbardo. ¿Qué ocurrió? A partir del momento en el que el coche se mostró en mal estado, los habitantes de Palo Alto se cebaron con el vehículo a la misma velocidad que lo habían hecho los habitantes del Bronx.
Lo que dice la Teoría de las Ventanas Rotas es simple: si en un edificio aparece una ventana rota, y no se arregla pronto, inmediatamente el resto de ventanas acaban siendo destrozadas por los vándalos. ¿Por qué? Porque se está transmitiendo el mensaje: aquí nadie cuida de esto, esto está abandonado.
https://www.alexrovira.com/soluciones/articulo/la-teoria-de-las-ventanas-rotas
Foto de Roberto Lee Cortes: https://www.pexels.com
—¿Por qué nos traes este texto, Clementina, si nosotros no somos vándalos? Nosotros nunca saquearíamos un coche abandonado— Preguntáis.
—Porque sí lo sois. Todos somos vándalos en algún aspecto de nuestra vida.
La ventana rota es una señal de abandono, el abandono es una falta de amor y cuando algo no es amado, se deteriora rápidamente. Y ahora llévalo a tu vida: Lo que no cuidas se estropea. Está clarísimo ¿verdad? O dicho de otra forma: Lo que no riegas se marchita.
💗Quizás no estés regando suficientemente una relación. Regar es Ver a esa persona, escucharla con atención, interesarte por su vida, dedicarle tiempo, agradecerle su presencia o sus actos, mostrarle tu cariño, respetarla.
💗Quizás no estés regando tu entorno. Dejas desorden y suciedad allá donde vas, creyendo que da igual, que lo importante no es eso. Sin embargo, estoy convencida de que si hay desorden fuera, hay desorden dentro.
💗Quizás estés siendo un vándalo con tu cuerpo. Le metes comida basura, lo llenas de alcohol los fines de semana, no le dejas dormir, no lo mueves.
💗Quizás no estés cuidando tus palabras, pues la mayoría tienen forma de quejas y críticas.
💗O quizás estés descuidando tu amor por ti mismo porque al menor error te insultas, dejas que tu crítico interno hable demasiado fuerte, sigues comparándote y hundiéndote y olvidas una y otra vez lo valioso que eres.
Todo empieza con un detalle, una pequeña rotura. Si se queda en eso, no pasa nada. Todos tenemos días en los que parece que todo pincha. El problema surge cuando te acostumbras y las pequeñas roturas se acumulan, y, por ejemplo, empieza a ser normal gritar o ignorar a tu pareja o a tus hijos o a tus subordinados, o a la vida, o gritarte o ignorarte a ti mismo. Y las excepciones se convierten en norma. Como decía Aristóteles: "Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia no es un acto, sino un hábito."
Observa atentamente tu vida. Tú y yo tenemos ventanas rotas que arreglar. A algunas les falta el cristal, otras tienen una grieta y otras, simplemente, están sucias. ¿Las ves? ¡No quieras arreglarlas todas el mismo día!
Pero sí poco a poco,
con paciencia y constancia,
removiendo el cucharón
para que el guiso quede delicioso,
para que el Amor vaya inundando tu vida
como una ola gigantesca
y deje relucientes
tus manos, tus rincones y tu alma

Comentarios
Publicar un comentario