Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,deseosa de sí misma.
No vienen de ti,sino a través de ti,y aunque estén contigo,no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,pero no tus pensamientos,pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,pero no sus almas,porque ellosviven en la casa del mañana,que no puedes visitar,ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,pero no procures hacerles semejantes a ti,porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,como flechas vivas,son lanzados.Deja que la inclinación,en tu mano de arquero,sea para la felicidad.
Khalil Gibran, poeta, filósofo y artista libanés
Madurar es aprender a soltar. Y aprender a soltar no es otra cosa que aceptar que en esta vida todo cambia y que, por más que queramos agarrarlo con mucha fuerza, eso que tanto amas, seguirá su camino.
¡Cuántas veces he deseado parar el tiempo! Que las niñas permanecieran en sus 7 y 9 años siempre, y siguieran jugando con el cubo y la pala, haciendo pasadizos en la arena. Pero no, el tiempo, traicionero, sigue avanzando como un huracán que lo arrastra todo. Y ellas se hacen mayores y se van. Y dejan una habitación vacía con fotos colgadas en las paredes. Y aquí me quedo yo dándome cuenta que en el pack de madre venía incluido también ese desgarro en el alma. Sin embargo...
Es un desgarro de esos que dejan pétalos de rosa perfumados. Porque el alma de madre sabe que ese arbolito que cuidó con tanto esmero, ahora llevará su esplendor a otras personas y, de esa forma, ese amor que el arbolito recibió, se multiplicará. Y que, gracias a tanto amor, este mundo en el que vivimos será bastante más colorido y se respirará mucho mejor. Por eso, en el alma de una madre pueden convivir al mismo tiempo la pena y la alegría, el vacío y la plenitud, el miedo y la confianza, como los invitados a una fiesta un poco loca. Y por eso, ser madre es ser paradoja. Una paradoja de Amor.
Hoy, a pesar de esta desazón que me picotea por dentro, me siento orgullosa de mí misma y también muy agradecida a Dios por haberme permitido ser el arco desde el cual mis hijas son lanzadas a la vida. Para mí esta misión ha sido, es y será la más importante que se me ha encomendado. 💓
Nota de la autora: sé que los padres también tienen su corazoncito, pero Clementina es madre y no puede ponerse en la piel de un padre. Así que, padres, si teneis algo que aportar, os leo en comentarios.
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